Jun
12
El Mito del Mono-Culturalismo
Archivado bajo 14. SocioCultura, Interculturalidad, e) José R. Bourget, Ph.D. | Déjenos su Comentario
EL MITO DEL MONO-CULTURALISMO
Por José R. Bourget Tactuk, Fundación Mahatma Gandhi
La identidad cultural es la fuerza más poderosa en el desarrollo psíquico del individuo. Es lo que nos da pertenencia, un lugar donde afincarnos emocionalmente y lo que nos permite unirnos sicológicamente a personas y grupos. Cuando digo “soy dominicano”, la declaración lleva en si el peso de muchas cosas: nacimiento, experiencia, gustos, vestuario, costumbres, gestos, ídolos, héroes y santos. Gran parte de esos elementos son visibles, pero la mayor parte son invisibles, como si se tratara de un témpano de hielo en el cual lo que se ve sobre la superficie es si lo 1/8 del tamaño real (el concepto cultural del témpano se atribuye al Dr. L. Robert Kohls).
La parte sumergida del témpano cultural es mayor y más compleja porque abarca no solo sentimientos sino también valores y una inmensidad de nociones y conceptos. Estos no se pueden percatar a simple vista, sino a través de mucho contacto y muchas conversaciones, por así decirlo, “entre amigos” .
Digamos, por ejemplo, que mi amigo Francisco y yo nos sentimos muy dominicanos, creemos que la cuartilla tricolor es la bandera más hermosa del mundo y nos sabemos comer un buen mangú con queso frito a las 8 de la mañana. También bailamos merengue y si hay que “jondearse” un salcocho en la madrugada sabríamos cómo hacerlo. Pero mi amigo Francisco creo que a los niños se les disciplina dando golpes y yo no; a él le gusta los tragos y yo sé lo puedo tomarme uno o dos; él cree que su trabajo se lo ganó luchando por el partido y que eso le da derecho a beneficiarse del mismo y para mí eso es corrupción. Además, el es liceista hasta la raíz y a mi no hay quién me saque del equipo de Julián Javier y del Chilote Llenas.
El amor por la bandera, el apetito criollo y el baile son ejemplos de esas cosas visibles en todo entorno cultural, ya que al estar por encima de la superficie son rápidamente notables. Esas cosas superficiales son las que notan los turistas cuando caminan por ahí y se relacionan con los dominicanos (la basura, el desorden, la bulla y también la hospitalidad, las sonrisas, el calor humano y la informalidad natural del dominicano). Por el otro lado, los valores sobre la crianza de los niños, sobre el control personal, nociones de honradez e integridad, la manera en que se adjudica el respeto a los demás, entre muchos otros, son factores que no son inmediatamente visibles porque están por debajo de la superficie y solo “hablando nos entendemos”, o sea, que sé lo a través de conversaciones francas y trato largo y profundo se logran descubrir y discutir amplia y abiertamente.
El mejor ejemplo de lo anterior se encuentra en las relaciones románticas y maritales entre dominicanos y extranjeros, ya que en breve tiempo cada lado comprende y sufre las grandes diferencias culturales existentes entre ambos; diferencias que no eran visibles inmediatamente, pero que se hicieron críticas con el paso del tiempo. Pronto se descubre que lo que se pensaba que era, no era así, y que lo que sí era no era lo que se quería.
Creer que todos somos iguales es un mito, una mentira, porque nos empuja a creer que todas las personas son iguales, poseyendo un mismo acervo cultural, social, ético y moral. Por ejemplo, hace unos días escuché a un conocido expresar que “al que no le guste la música alta en las calles que se mude a otro sitio porque aquí los dominicanos somos así, nos gusta la música en alto”. Este conocido nos metió a todos los dominicanos en la misma sopa, por así decirlo, ya que sin tomar en cuenta vastas diferencias internas e invisibles pretende hacer creer que todos los dominicanos valoramos de igual modo todas las cosas por el simple hecho de haber nacido aquí. Eso es un mito, un mito hasta cierto punto perverso y peligroso. La verdad es más bien de naturaleza multi-cultural, compleja, por el hecho de que aún habiendo nacido en el mismo país y prefiriendo la misma comida y bailes, es totalmente posible que existan grandes diferencias en cuanto a preferencias sobre el volumen de la música en público o en privado, que algunas personas rechacen el concubinato mientras otros lo prefieran y se crean más hombres al mantenerlo, que algunos den golpes a sus hijos “porque a ellos lo criaron así” mientras otros crean que es un abuso y una perversidad de la autoridad paterna.
Vivir bajo el mito monocultural es sumamente peligroso porque los que se amparan en el mismo tienden a tomar decisiones por los demás basados en falacias culturales que, a la larga, pueden causar grandes conflictos. En el contexto de una comunidad tal mito puede ser altamente desastroso. Es mejor expresar que “mis preferencias son tal y tal“, en lugar de meter a todo el mundo en el mismo bote. No sí lo es asunto de clase social (el factor más determinante dentro de la sociedad dominicana, en mi opinión), sino de formación cultural, ese proceso que nos concede una identidad en base a lo que se nos enseña formalmente (en el hogar, en las escuelas, en las iglesias) y lo que adoptamos informalmente por selección personal a través de nuestras relaciones con otras personas, a través de lo que observamos y aceptamos como realidad y, mayormente, en base a nuestra propia experiencia con el mundo que nos rodea.
El entorno humano no es monocultural, sino culturalmente pluralístico y diverso. Eso es lo que lo hace hermoso. Vive la diferencia !!!
©2008 por José Bourget. Se concede permiso de reproducción con crédito de fuente.
Jun
12
Las Terrenas Transcultural
Archivado bajo 14. SocioCultura, Interculturalidad, Las Terrenas, Poblado de Las Terrenas, b) Municipal, e) José R. Bourget, Ph.D. | Déjenos su Comentario
LAS TERRENAS TRANSCULTURAL
José R. Bourget Tactuk, Fundación Mahatma Gandhi
Las Terrenas es una comunidad con profundas condiciones transculturales o transcultural se refiere a la presencia de diversas culturas y a sus relaciones entre sí.
Las “condiciones transculturales” pueden ser buenas, pueden ser malas, pueden ser promisorias o pueden ser críticas.
Las Terrenas, las condiciones transculturales traen de todo.
Los dominicanos son un grupo heterogéneo, vienen de todas partes del país, algunos nacieron en Las Terrenas pero su mayoría nacieron en otras partes. Los hay pobres, ricos, clase media, educados, mal educados, profesionales, legos, ignorantes y hasta los hay pulidos, cultos y altamente civilizados. Los hay negros, morenos, hinchos, blancos, mulatos, rubios, ojos claros, pelo lacio y pelo de alambre. Los hay altos y chiquitos, gordos y flacos, con parásitos y sin parásitos, jóvenes y viejos. Y la máquina de parir dominicanos no se para, yo me atrevería a decir que de cada tres mujeres dominicanas dos estén preñadas. Claro esté, esa es una exageración. El hecho es, que cuando usted dice “dominicano,” se esté referiendo a un universo inmenso de personas, cada una de las cuales con características similares a los demás, pero también con grandes diferencias entre sí. Por eso, los dominicanos hacen diferencias entre los “de la loma,” y los del pueblo, entre los cibaeños y los samanés, entre los nagüeros y los sancheros y hasta a los que somos de la capital a veces nos llaman extranjeros.
Por su parte, los extranjeros que vienen a Las Terrenas son muy diversos entre sí. Los así llamados “gringos” pueden ser franceses, italianos, españoles, suizos, alemanes, belgas, holandeses, yugoslavos, búlgaros, rusos, canadienses, argentinos, japoneses y de muchísimas otras partes. Al ser tan diversos, estos “gringos” son difíciles de categorizar porque aún entre ellos mismos, siendo de una misma nacionalidad, pueden ser muy diferentes entre sí.
Por ejemplo, hay franceses de Francia, hay otros que vinieron de Martinique, St. Barts, del Africa y de otras ex colonias francesas. Entre ellos hay muchos que se llevan muy bien entre sí mientras que he conocido algunos franceses que no quieren saber para nada de otros franceses. He escuchado a franceses decir que hay demasiado franceses racistas y clasistas, que hay muchos que son ladrones y engañosos, pero soy el primero en reconocer que he conocido a muchos franceses que son excelentes seres humanos, que se han integrado muy bien y que hacen grandes aportes a la comunidad.
Creo que lo mismo podría decir de cada grupo nacional representado en nuestra comunidad. Los hay buenos y los hay malos, los hay sinceros y los hay pillos, los hay dignos y los hay indignos. Hay algunos que son verdaderos seres humanos y los hay otros que estén aquí abusándose entre ellos mismos, abusando dominicanos y abusando a todo el mundo. Y, en ese sentido, ¿no diríamos lo mismo de los dominicanos?
De hecho, las condiciones transculturales son tales que muchas personas entre todos los grupos representados, se llevan muy bien, se relacionan entre sí y han logrado establecer amistadas, matrimonios y sociedades comerciales sin grandes problemas. Hay otros que han tenido muchos problemas intentando hacer lo mismo y éstos son a veces los que más hablan y los que más critican lo que existe hoy en Las Terrenas.
Creo que en algún momento no muy lejano algo debe hacerse para que comprendamos mejor lo que esté ocurriendo en los aspectos transculturales. Algo como la búsqueda de una mayor comprensión y entendimiento. A veces, la mayoría de los conflictos se originan en francos y sinceros malentendidos, o en la presencia de ciertas expectativas irrazonables y hasta insensatas.
Cuando se unen las diferencias étnicas, nacionales, de color de piel, de posición económica y de condiciones sociales se crean condiciones potencialmente explosivas. La mejor manera de verlo es entre las relaciones entre dominicanos y haitianos, los que por razones históricas, socio-culturales y, francamente, a raíz de mucho prejuicio y de mucha mala sangre, parecen no poder llevarse bien. Lo interesante de las condiciones transculturales en Las Terrenas es que así como muchos extranjeros (“gringos”) ven a los dominicanos de manera despectiva, como gente sin cultura y sin educación, así mismo muchos dominicanos ven a los haitianos, creando un círculo explosivamente vicioso. Y así como algunos extranjeros se ven despectivamente entre sí, así mismo algunos dominicanos no se relacionan entre sí.
Lo que nos queda el desafío de la identidad cultural personal y las conexiones que podrían realizarse a través de los canales culturales (transculturas).
©2008 por José Bourget. Se concede permiso de reproducción con crédito de fuente.