Jun
12
José R. Bourget, Ph.D.
Archivado bajo e) José R. Bourget, Ph.D. | Déjenos su Comentario
Co-Director Ejecutivo, Fundación Mahatma Gandhi
Profesor Titular Asociado, Facultad de Humanidades, University of Maryland University College (Maryland, USA)
Presidente, Transcultural Services.
Mi trabajo educativo comenzó hace casi 30 años, sirviendo en varias capacidades en más de 20 países, tanto en asignaciones de corto como de largo plazo.
Antes de mudarnos a Las Terrenas (desde Washington, D.C.) trabajé© como director ejecutivo del Centro de Enseñanza y Aprendizaje en la University of Maryland University College (UMUC), también como especialista de desarrollo profesional para el personal global del Cuerpo de Paz en sus oficinas centrales en Washington, D.C., así como tambiénén director de programas interculturales, de estudios en el exterior y de servicios a estudiantes extranjeros en varias universidades de los Estados Unidos.
Atraído al campo intercultural pude desarrollar materiales de capacitación tanto en esa área como en diversidad cultural, presentándolos y usándolos para capacitación en universidades, ONGs, empresas y en organizaciones profesionales tales como NAFSA: Asociación de Educadores Internacionales, la Asociación Americana de Personal Universitario (ACPA), la Asociación Americana de Consejería (ACA) y la Sociedad Internacional de Educación, Capacitación e Investigación Intercultural (SIETAR). Tuve el honor de ocupar posiciones de liderazgo local, regional e internacional en NAFSA, ACPA y SIETAR, en esta última como miembro de su Junta Gubernativa.
Me especializo en andragogía, diagnóstico apreciativo, desarrollo organizacional, manejo integral de calidad (TQM), desarrollo y capacitación profesional, al igual que en capacitación en diversidad cultural e intercultural.
Soy oriundo de Santo Domingo y vivo con mi familia en Las Terrenas, Samaná, República Dominicana.
Jun
12
El Mito del Mono-Culturalismo
Archivado bajo 14. SocioCultura, Interculturalidad, e) José R. Bourget, Ph.D. | Déjenos su Comentario
EL MITO DEL MONO-CULTURALISMO
Por José R. Bourget Tactuk, Fundación Mahatma Gandhi
La identidad cultural es la fuerza más poderosa en el desarrollo psíquico del individuo. Es lo que nos da pertenencia, un lugar donde afincarnos emocionalmente y lo que nos permite unirnos sicológicamente a personas y grupos. Cuando digo “soy dominicano”, la declaración lleva en si el peso de muchas cosas: nacimiento, experiencia, gustos, vestuario, costumbres, gestos, ídolos, héroes y santos. Gran parte de esos elementos son visibles, pero la mayor parte son invisibles, como si se tratara de un témpano de hielo en el cual lo que se ve sobre la superficie es si lo 1/8 del tamaño real (el concepto cultural del témpano se atribuye al Dr. L. Robert Kohls).
La parte sumergida del témpano cultural es mayor y más compleja porque abarca no solo sentimientos sino también valores y una inmensidad de nociones y conceptos. Estos no se pueden percatar a simple vista, sino a través de mucho contacto y muchas conversaciones, por así decirlo, “entre amigos” .
Digamos, por ejemplo, que mi amigo Francisco y yo nos sentimos muy dominicanos, creemos que la cuartilla tricolor es la bandera más hermosa del mundo y nos sabemos comer un buen mangú con queso frito a las 8 de la mañana. También bailamos merengue y si hay que “jondearse” un salcocho en la madrugada sabríamos cómo hacerlo. Pero mi amigo Francisco creo que a los niños se les disciplina dando golpes y yo no; a él le gusta los tragos y yo sé lo puedo tomarme uno o dos; él cree que su trabajo se lo ganó luchando por el partido y que eso le da derecho a beneficiarse del mismo y para mí eso es corrupción. Además, el es liceista hasta la raíz y a mi no hay quién me saque del equipo de Julián Javier y del Chilote Llenas.
El amor por la bandera, el apetito criollo y el baile son ejemplos de esas cosas visibles en todo entorno cultural, ya que al estar por encima de la superficie son rápidamente notables. Esas cosas superficiales son las que notan los turistas cuando caminan por ahí y se relacionan con los dominicanos (la basura, el desorden, la bulla y también la hospitalidad, las sonrisas, el calor humano y la informalidad natural del dominicano). Por el otro lado, los valores sobre la crianza de los niños, sobre el control personal, nociones de honradez e integridad, la manera en que se adjudica el respeto a los demás, entre muchos otros, son factores que no son inmediatamente visibles porque están por debajo de la superficie y solo “hablando nos entendemos”, o sea, que sé lo a través de conversaciones francas y trato largo y profundo se logran descubrir y discutir amplia y abiertamente.
El mejor ejemplo de lo anterior se encuentra en las relaciones románticas y maritales entre dominicanos y extranjeros, ya que en breve tiempo cada lado comprende y sufre las grandes diferencias culturales existentes entre ambos; diferencias que no eran visibles inmediatamente, pero que se hicieron críticas con el paso del tiempo. Pronto se descubre que lo que se pensaba que era, no era así, y que lo que sí era no era lo que se quería.
Creer que todos somos iguales es un mito, una mentira, porque nos empuja a creer que todas las personas son iguales, poseyendo un mismo acervo cultural, social, ético y moral. Por ejemplo, hace unos días escuché a un conocido expresar que “al que no le guste la música alta en las calles que se mude a otro sitio porque aquí los dominicanos somos así, nos gusta la música en alto”. Este conocido nos metió a todos los dominicanos en la misma sopa, por así decirlo, ya que sin tomar en cuenta vastas diferencias internas e invisibles pretende hacer creer que todos los dominicanos valoramos de igual modo todas las cosas por el simple hecho de haber nacido aquí. Eso es un mito, un mito hasta cierto punto perverso y peligroso. La verdad es más bien de naturaleza multi-cultural, compleja, por el hecho de que aún habiendo nacido en el mismo país y prefiriendo la misma comida y bailes, es totalmente posible que existan grandes diferencias en cuanto a preferencias sobre el volumen de la música en público o en privado, que algunas personas rechacen el concubinato mientras otros lo prefieran y se crean más hombres al mantenerlo, que algunos den golpes a sus hijos “porque a ellos lo criaron así” mientras otros crean que es un abuso y una perversidad de la autoridad paterna.
Vivir bajo el mito monocultural es sumamente peligroso porque los que se amparan en el mismo tienden a tomar decisiones por los demás basados en falacias culturales que, a la larga, pueden causar grandes conflictos. En el contexto de una comunidad tal mito puede ser altamente desastroso. Es mejor expresar que “mis preferencias son tal y tal“, en lugar de meter a todo el mundo en el mismo bote. No sí lo es asunto de clase social (el factor más determinante dentro de la sociedad dominicana, en mi opinión), sino de formación cultural, ese proceso que nos concede una identidad en base a lo que se nos enseña formalmente (en el hogar, en las escuelas, en las iglesias) y lo que adoptamos informalmente por selección personal a través de nuestras relaciones con otras personas, a través de lo que observamos y aceptamos como realidad y, mayormente, en base a nuestra propia experiencia con el mundo que nos rodea.
El entorno humano no es monocultural, sino culturalmente pluralístico y diverso. Eso es lo que lo hace hermoso. Vive la diferencia !!!
©2008 por José Bourget. Se concede permiso de reproducción con crédito de fuente.
Jun
12
Las Terrenas Transcultural
Archivado bajo 14. SocioCultura, Interculturalidad, Las Terrenas, Poblado de Las Terrenas, b) Municipal, e) José R. Bourget, Ph.D. | Déjenos su Comentario
LAS TERRENAS TRANSCULTURAL
José R. Bourget Tactuk, Fundación Mahatma Gandhi
Las Terrenas es una comunidad con profundas condiciones transculturales o transcultural se refiere a la presencia de diversas culturas y a sus relaciones entre sí.
Las “condiciones transculturales” pueden ser buenas, pueden ser malas, pueden ser promisorias o pueden ser críticas.
Las Terrenas, las condiciones transculturales traen de todo.
Los dominicanos son un grupo heterogéneo, vienen de todas partes del país, algunos nacieron en Las Terrenas pero su mayoría nacieron en otras partes. Los hay pobres, ricos, clase media, educados, mal educados, profesionales, legos, ignorantes y hasta los hay pulidos, cultos y altamente civilizados. Los hay negros, morenos, hinchos, blancos, mulatos, rubios, ojos claros, pelo lacio y pelo de alambre. Los hay altos y chiquitos, gordos y flacos, con parásitos y sin parásitos, jóvenes y viejos. Y la máquina de parir dominicanos no se para, yo me atrevería a decir que de cada tres mujeres dominicanas dos estén preñadas. Claro esté, esa es una exageración. El hecho es, que cuando usted dice “dominicano,” se esté referiendo a un universo inmenso de personas, cada una de las cuales con características similares a los demás, pero también con grandes diferencias entre sí. Por eso, los dominicanos hacen diferencias entre los “de la loma,” y los del pueblo, entre los cibaeños y los samanés, entre los nagüeros y los sancheros y hasta a los que somos de la capital a veces nos llaman extranjeros.
Por su parte, los extranjeros que vienen a Las Terrenas son muy diversos entre sí. Los así llamados “gringos” pueden ser franceses, italianos, españoles, suizos, alemanes, belgas, holandeses, yugoslavos, búlgaros, rusos, canadienses, argentinos, japoneses y de muchísimas otras partes. Al ser tan diversos, estos “gringos” son difíciles de categorizar porque aún entre ellos mismos, siendo de una misma nacionalidad, pueden ser muy diferentes entre sí.
Por ejemplo, hay franceses de Francia, hay otros que vinieron de Martinique, St. Barts, del Africa y de otras ex colonias francesas. Entre ellos hay muchos que se llevan muy bien entre sí mientras que he conocido algunos franceses que no quieren saber para nada de otros franceses. He escuchado a franceses decir que hay demasiado franceses racistas y clasistas, que hay muchos que son ladrones y engañosos, pero soy el primero en reconocer que he conocido a muchos franceses que son excelentes seres humanos, que se han integrado muy bien y que hacen grandes aportes a la comunidad.
Creo que lo mismo podría decir de cada grupo nacional representado en nuestra comunidad. Los hay buenos y los hay malos, los hay sinceros y los hay pillos, los hay dignos y los hay indignos. Hay algunos que son verdaderos seres humanos y los hay otros que estén aquí abusándose entre ellos mismos, abusando dominicanos y abusando a todo el mundo. Y, en ese sentido, ¿no diríamos lo mismo de los dominicanos?
De hecho, las condiciones transculturales son tales que muchas personas entre todos los grupos representados, se llevan muy bien, se relacionan entre sí y han logrado establecer amistadas, matrimonios y sociedades comerciales sin grandes problemas. Hay otros que han tenido muchos problemas intentando hacer lo mismo y éstos son a veces los que más hablan y los que más critican lo que existe hoy en Las Terrenas.
Creo que en algún momento no muy lejano algo debe hacerse para que comprendamos mejor lo que esté ocurriendo en los aspectos transculturales. Algo como la búsqueda de una mayor comprensión y entendimiento. A veces, la mayoría de los conflictos se originan en francos y sinceros malentendidos, o en la presencia de ciertas expectativas irrazonables y hasta insensatas.
Cuando se unen las diferencias étnicas, nacionales, de color de piel, de posición económica y de condiciones sociales se crean condiciones potencialmente explosivas. La mejor manera de verlo es entre las relaciones entre dominicanos y haitianos, los que por razones históricas, socio-culturales y, francamente, a raíz de mucho prejuicio y de mucha mala sangre, parecen no poder llevarse bien. Lo interesante de las condiciones transculturales en Las Terrenas es que así como muchos extranjeros (“gringos”) ven a los dominicanos de manera despectiva, como gente sin cultura y sin educación, así mismo muchos dominicanos ven a los haitianos, creando un círculo explosivamente vicioso. Y así como algunos extranjeros se ven despectivamente entre sí, así mismo algunos dominicanos no se relacionan entre sí.
Lo que nos queda el desafío de la identidad cultural personal y las conexiones que podrían realizarse a través de los canales culturales (transculturas).
©2008 por José Bourget. Se concede permiso de reproducción con crédito de fuente.
Jun
12
Saber ver – Aprender a verlo todo
Archivado bajo 22. Temas Generales, e) José R. Bourget, Ph.D. | Déjenos su Comentario
SABER VER – APRENDER A VERLO TODO
José R. Bourget Tactuk, Fundación Mahatma Gandhi
Hay un lugar dentro de nosotros el cual es la fuente de nuestras mayores reflexiones y de nuestros aprendizajes más profundos. Ese lugar es como un manantial, una fuente, el punto de inicio desde el cual obtenemos sabiduría y aprendemos de los misterios de la vida. Ese lugar no es un órgano, ni un hueso, ni un músculo. Por el contrario, es ese espacio invisible donde los pensamientos, las experiencias y los conocimientos convergen y crean conexiones significativas dentro del ser y fuera del mismo.
El desafío más grande para cualquier ser humano es encontrar ese espacio interior. Es probable que las palabras ayuden a describir su capacidad plena pero nunca en su totalidad. Ciertas actividades ayudan a revelar lo que ha ocurrido adentro, pero a veces el mucho hacer y el mucho decir se convierten en humo que oculta lo que realmente podría estar ocurriendo en lo más profundo del ser. Inclusive, es posible conocer a mucha gente y hasta llevarse bien con todo el mundo, pero aún dentro del mar de muchedumbres que nos pueda rodear podríamos permanecer a solas como islas en un mar de caras sin rostros.
Alcanzar hasta el santuario de nuestro ser interior es muy difícil. A veces es hasta peligroso. Muchas personas que lo han logrado revelan que al llegar a lo más profundo de su ser experimentaron profundas transformaciones interiores.
Tales transformaciones son posibles solamente a través de la reflexión profunda. La reflexión es el acto de generar poderosas expresiones del ser como un mapa de posiciones internas que no pueden ser vistas con el ojo común. Reflexionar implica levantar un baluarte a favor de una manera de ser comunitaria, comunal, compartida y solidaria; es lo mismo que ser, hacer, ver, conocer y responder como si todas las personas que nos rodean formaran parte de nuestra comunidad de aprendizaje común. O sea, no sólo aprendemos lo que aprendemos sino que lo aprendemos en comunidad. A través de la reflexión es entonces posible adquirir el conocimiento que nos permite descubrir y entender lo que ocurre a nuestro alrededor, mientras que aclaramos las razones detrás de dilemas y problemas que nos aquejan a nosotros mismos o a los demás.
La reflexión ayuda a la persona a navegar entre dos fuerzas opuestas: lo que otros esperan de la persona y lo que la persona espera de sí misma. Es humanamente natural entrar en conflicto entre lo que creemos que es lo que se debe hacer y lo que otros desean que se haga. Lo que otros desean que se haga está generalmente escrito en las regulaciones o reglamentos y hasta en la manera informal en que grupos, partidos y organizaciones manifiestan sus preferencias. Pero lo interno de lo humano es difícilmente realizable a través de regulaciones o mandatos. Es posible cumplir con las regulaciones mientras se pierde de vista lo verdadero humano, lo verdaderamente íntegro, lo verdaderamente noble y lo verdaderamente elegante. La reflexión es lo que permite descubrir el puente que nos lleva al lugar donde lo material y lo superficial pueden enriquecerse al entrar en contacto con lo noble y con lo espiritual. Sin ese puente simplemente estaríamos corriendo de un lugar a otro, sabiendo que en base a nuestra experiencia y a la de otros lo superficial será mucho más fácil y que muy pronto haremos residencia entre las veletas (que van por donde el viento sople) y los mediocres (que ni saben hacia donde van ni van para ningún lado).
La reflexión comienza con escuchar. Escuchar profundamente. Escuchar más allá de las palabras. Escuchar hasta sin las palabras. Para reflexionar es necesario trascender, entrar dentro del terreno del otro, aún cuando el hacerlo pueda representar peligro personal. De hecho, es ese tipo de trascendencia la que ayuda a crear comunidad porque el movernos por encima de nuestras barreras personales y de nuestras concepciones internas es lo que nos ayuda a acercarnos más a los demás. El yo, al abandonar su círculo de protección, se adentra en el círculo del otro y de repente descubre nuevos mundos y nuevas experiencias. El resultado son las nuevas percepciones de la realidad. El regresar al yo personal se hace de una manera enriquecida, fortalecida, más noble y más honesta.
La acción transformadora es el resultado de haber trascendido hacia dentro del yo de los demás. El líder transformador ha aprendido que limitado a su ego y a su visión personal de las cosas su labor es empobrecedora, altanera y limitada. El líder común, el líder altanero, el líder soberbio no ha aprendido a beber del vino nuevo, sino que cubre su viejo vino con una cubierta nueva. Pensamos que beberíamos de un nuevo vino al ver la cubierta nueva, pero descubrimos que no hay nada nuevo dentro de la vejiga. Lo que crea al vino nuevo es la visión transformadora de las personas y de las cosas. Al abandonar al ego, el líder se transforma a una gestión de comunidad. No se puede hacer vino con una sola uva. El viñedo completo es responsable por el vino nuevo. El trabajo en comunidad crea al vino nuevo y al vino nuevo se le pone en cueros nuevos.
La elegancia es la característica del líder transformador para revestir sus acciones con la dulzura, la sencillez, la virtud, la simpleza y la dexteridad necesarias para que se haga lo que mejor se puede, con las mejores personas, beneficiando a la mayor cantidad de personas posibles, utilizando la menor cantidad de recursos, en el menor tiempo posible, con los mayores y más efectivos resultados alcanzables.
Y, por sobre todas las cosas la acción transformadora, la que guía al líder transformador, es la más pura y poderosa expresión de servicio al prójimo; es la más sensata vocación al bien; es el regalo más espléndido que se le puede dar a una organización, a una comunidad, a un pueblo o a una nación. Todo eso se logra al encontrarse ese espacio interior desde donde surgen, por medio de la reflexión, las más poderosas expresiones de bien, de paz, de misericordia, de honestidad, de sinceridad y de servicio.
©2008 por José Bourget. Se concede permiso de reproducción concedido con crédito de fuente.
Jun
12
Lavando en el Río
Archivado bajo 22. Temas Generales, e) José R. Bourget, Ph.D. | Déjenos su Comentario
LAVANDO EN EL RÍO
José R. Bourget Tactuk, Fundación Mahatma Gandhi
Cimbapo ci li peka; ci li kutima ku cimbipo
“No vale la pena tratar de cambiar la mente de un testarudo”
Proverbio de los Umbumdu de Angola (Africa)
Hace varios años estaba en Namibia, en el sur del continente africano, conversando con una colega quien me contó una de esas historias que guardan lecciones para toda una eternidad.
Me relataba que a una comunidad que conocía le llegó una voluntaria a trabajar en la escuela de la aldea. La voluntaria daba clases de inglés, colaboraba con los grupos de madres y prestaba apoyo a otras iniciativas comunitarias. La voluntaria había observado que las mujeres iban dos veces a la semana al río a lavar sus ropas y dentro de poco comenzó a pensar que era una pérdida de tiempo muy grande. Sólo compartió sus sentimientos con un par de personas las cuales, como era de esperarse, lo compartieron con otras tantas personas y, dentro de poco, pues la gran mayoría de la gente ya sabía sobre lo que ella pensaba.
Nada de importancia ocurrió durante las primeras semanas de estadía de la voluntaria, pero un día, en una reunión comunitaria, la voluntaria explotó. En medio del público comenzó a criticar la costumbre, argumentando que las mujeres gastaban demasiado tiempo lavando unas cuantas piezas de ropa, que debían pasar más tiempo trabajando en otras alternativas para ganarse su sustento y de que le estaban dando un muy mal ejemplo a las niñas y señoritas de la aldea quienes debían aprender de sus mayores mejores hábitos de trabajo y de vocación.
Todos se sintieron un poco trastornadas y hasta ofendidos por la situación sobretodo tratándose de una persona que no era de ahí, pero no dijeron nada, sólo que salieron del lugar frustrados y acongojados un poco.
La voluntaria sintió que había cumplido con su deber de “decir la verdad”, de advertirles sobre un mal que dañaba, según ella, el porvenir de la comunidad y de haber cumplido con lo que ella sentía era su deber como participante activa en el bienestar de la comunidad.
Nada nuevo ocurrió hasta varias semanas más tarde cuando una de las mujeres de mayor edad vino a visitar a la voluntaria a su casa. Se sentaron a compartir una taza de tú y a charlar un poco. La señora charlaba con ella de varias cosas y entre esas cosas le relató sin mayor importancia lo que había ocurrido ese día en el río, mientras las mujeres lavaban sus ropas. Le decía de la madre que mientras le lavaba el pelo a la hija que se iba a casar pronto también le hablaba sobre cómo mantener la vida familiar, como tratar a su esposo y cómo prepararse para tener hijos. También de cómo algunas mujeres hablaban de la cosecha de café que iban a recoger y de que debÃan llevar la cosecha a vender a otra aldea porque recibirÃan mejor precio.
También compartieron sus opiniones sobre el jefe de la aldea que recientemente se había casado con su tercera esposa, una mujer 20 años más joven que él y simpatizaban con los sentimientos de la primera esposa que no estaba muy a gusto con la situación. Le relataba también sobre el hijo de una de las mujeres, que había sido enviado al ejército y quien viviría durante el tiempo de su servicio militar en otra aldea, en medio de otro grupo étnico que hablaba un idioma diferente y tenían costumbres diferentes.
En fin, la señora compartió esas y muchas otras cositas que ocurrieron mientras las mujeres lavaban sus ropas. Luego la señora se fué. La voluntaria se quedó en su casa pensando un poco. Poco a poco sintió que su mente y corazón se preñaban con nuevas impresiones e ideas, hasta parir de sopetón todo un arcoiris de profundos sentimientos, algunos de dolor y congoja y otros de comprensión sin igual.
Mi colega me dijo que la voluntaria le confesó más adelante que lo que ella comenzó a sentir era algo nuevo y diferente, porque poco a poco ella comenzó a entender lo que realmente ocurría en el río, mientras las mujeres lavaban sus ropas. Era cierto que las mujeres podrían lavar sus ropas en menos de una hora, pero “ir al río” no era solamente para lavar ropas. Allá, entre piedras y estanques, bajo las sombras de las grandes árboles y en medio del canto, risas y juegos de niñas y jovencitas, las mujeres compartían entre ellas sus vidas, sus sueños, sus necesidades y sus realidades. Allá se mantenían todas informadas, se solucionaban problemas, se compartían recursos, se daban consejos, se aconsejaban entre sí sobre cómo proceder con esposos y con hijos, se enseñaban cómo manejar mejor sus recursos, cómo compartir sus enseres de la casa cuando habían necesidades especiales y cosas por el estilo. Allá se tomaban decisiones que los esposos nunca se enterarán, se tomaban medidas y se solucionaban problemas que sólo ellas sabían; por encima de todo, allá en el río, entre enjuagues y enjuagues, se conocía un mundo paralelo a la vida de la aldea, un mundo tal sin el cual la aldea realmente no hubiera podido existir.
Esa comprensión le llegó a la voluntaria como le llega a uno una calentura desde dentro hacia afuera. Fue algo incontrolable, como un vómito inesperado, convulsionando las entrañas, los tuétanos y los huesos. Y cuando todos los temores hubieron pasado la voluntaria nació una nueva realidad de sí misma, de dónde estaba y de lo que estaba sucediendo.
Al día siguiente cuando las mujeres de la aldea llevaban sus bateas para lavar al río la voluntaria las acompañó. Ese día ella nació a un mundo nuevo de comprensiones, de dichas y pesares compartidos, de sueños y realidades comunes y de esperanzas a flor de piel en cada una de ellas. De ahí en adelante nadie la podía sacar del río cuando las mujeres iban a lavar sus ropas.
Tal como esa experiencia, hay muchas realidades en la vida que nos llegan en un gotero, recibiéndolas gota a gota, para que no nos haga mucho daño. Las grandes sentimientos se suelen “parir”, y casi siempre vienen acompañados de dolores de parto; de la misma manera, una vez paridos producen mucha felicidad, porque vemos el comienzo de una nueva vida interior, un nuevo sentir, un nuevo respeto y una mejor comprensión.
©2008 por José Bourget. Se concede permiso de reproducción con crédito de fuente.
Jun
12
Derechos Humanos
Archivado bajo 10. Derechos Humanos, e) José R. Bourget, Ph.D. | Déjenos su Comentario
DERECHOS HUMANOS
José R. Bourget Tactuk, Fundación Mahatma Gandhi
El 10 de diciembre se celebra el Día Internacional de los Derechos Humanos. La fecha conmemora la adopción en el seno de Las Naciones Unidas de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” el 10 de diciembre de 1948. Hoy las Naciones Unidas entregan igualmente sus cinco premios a la labor de los derechos humanos alrededor del mundo.
Los derechos humanos simplemente buscan garantizar el derecho a la vida y a la vida en paz. Íntegramente estos derechos explican que nuestra naturaleza humana nos concede derechos inalienables, osea, que no se pueden renunciar a ellos y son automáticamente vigentes por el simple hecho de ser humano. Esto también quiere decir que no los derechos son irrevocables y que no se pueden renunciar a ellos. Por ejemplo, nadie puede venderse como esclavo. Si usted tiene acceso al Internet la Declaración Universal con sus treinta artículos puede encontrarse en http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos declara la existencia de ciertos derechos como a la vida, a la igualdad, a la libre asociación, a la formación de sindicatos, al libre tránsito, a una nacionalidad, a casarse por consentimiento propio, a la no esclavitud, a la no tortura, a circular libremente dentro de un estado, a establecer residencia donde quiera, a la libre asociación, a la posesión de propiedad, a igual salario por trabajo igual, a la libre participación en el gobierno y otros más.
Vale la pena mencionar que aún cuando estos Derechos tienen sesenta años de existencia, o 217 si se ve a la Revolución Francesa del 1789 como su comienzo, o 2546 años si se toma la declaración del Rey Ciro de Persa como la primera en su clase en la historia humana, aún la gran mayoría de los seres humanos no disfrutan de la totalidad, gran parte o parte de los derechos en la lista.
Por ejemplo, de acuerdo al UNICEF, 30,000 niños morirán cada día por causa de la pobreza, lo que equivale a 11 millones de niños al año. Solamente en los Estados Unidos de Norteamérica hay 36.5 millones de persona que viven bajo el nivel oficial de pobreza y el 18% de las niños y jóvenes menores de 18 años viven en pobreza (el 35% de los niños y jóvenes negros menores de 18 años viven en la pobreza). En la República Dominicana se estima que hay un 30% de la población miserablemente pobre. Aunque la pobreza bajó de un 37% en el 1986 a un 29% en el 2000, el país fue considerado como el menos efectivo en toda Latinoamérica en lograr una reducción de la pobreza en base a su crecimiento económico.
A nivel mundial mil millones de personas no saben ni leer ni escribir ni pueden firmar su nombre, sin embargo menos del 1% de lo gastado en armamentos podría poner a cada niño y niña alrededor del mundo en la escuela. Unos 400 millonarios tienen más dinero que 2,500 millones de personas alrededor del mundo. Casi la mitad del mundo, o 3,000 millones de personas viven en base a menos de US$2 al día, 1,100 millones no tienen acceso adecuado al agua y cerca de 800 millones de personas viven crónicamente malnutridos.
Se estima que se gastan 400,000 millones de dólares en el consumo de drogas alrededor del mundo, pero se gastan 780,000 millones de dólares en armamentos. Se gastan 17,000 millones de dólares en alimentos para perros, gatos y otras mascotas en los USA y Europa y 8,000 millones de dólares en cosméticos en USA solamente. Sin embargo, sólo se necesitan 6,000 millones para proveer educación básica a todos y 9,000 millones para que todo el mundo tenga acceso a buena agua. Igualmente, sólo se necesitan 13,000 millones para que cada ser humano tenga acceso a buena salud básica y nutrición.
¿Por qué esas circunstancias? La respuesta es compleja pero comienza cuando usted se pregunta, “¿por qué mis líderes no hacen mejor a favor de las personas, del barrio, del municipio, de la provincia y del país?” Pregúntele al próximo candidato político por qué le reparte una fundida pero no lo ayuda a conseguir un trabajo. En el caso nuestro usted podría preguntarle a los líderes del PLD qué cantidad de los 10,000 millones de pesos de exceso que tiene el gobierno se utilizará para reducir tangíblemente la pobreza; y si alguien del PRD le dice que el PLD lo está haciendo muy mal acuérdele que bajo el gobierno anterior se duplicó la cantidad de pobres en el país al mismo tiempo que se duplicó la deuda externa.
O sea, la situación de pobreza en este país, que es un país verdaderamente rico (a sabiendas de los cientos de millonarios que existen), no es propiedad de ningún partido en particular sino del sistema político, que incluye a todos los partidos, porque carecen de un número suficiente de personas capaces de ver que la preservación de los Derechos Humanos de todos debiera ser el punto principal de la labor política, económica, social y cultural de todo gobierno, desde la junta de veci nos en el barrio, hasta la presidencia de la república.
La preservación de los Derechos Humanos comienza conmigo mismo y con usted. Exija sus derechos y hágaselo saber a quien corresponda. Si usted no sabe cuáles son sus derechos acérquese al primer funcionario que usted conozca y exíjale que se lo haga a conocer, que es su responsabilidad.
©2008 por José Bourget. Se concede permiso de reproducción con crédito de fuente.
Fotos de Kevin Carter en el Sudán.